No es un motivador
No estoy para gritarte que vos podés. La motivación es un estado: sube, baja y se va. Construir sobre eso es construir sobre arena.
03 · Coaching con PNL
Esto no es un servicio aparte que te vendo además del entrenamiento. Es la forma en la que doy la clase. Cada encuentro arranca trabajando qué te decís, en qué orden y con qué consecuencia. Después entrenamos.
Por dónde empieza esto
Cualquiera puede aprender gratis, en una tarde, lo esencial sobre entrenamiento, alimentación y descanso. Y sin embargo la mayoría de la gente no hace lo que sabe que le conviene. Nadie fuma porque ignore que le hace mal. La información nunca fue el cuello de botella.
En mi formación hay una idea que me ordenó la cabeza más que ninguna otra: cada persona hace la mejor elección posible entre aquellas de las que es consciente. No elegimos mal. Elegimos lo mejor que hay disponible en nuestro mapa. El problema no es la voluntad: es que el mapa es chico.
Y hay una segunda que la completa: una opción no es ninguna opción, y dos opciones son un dilema. Recién con tres una persona puede elegir de verdad.
Por eso mi trabajo no es convencerte de nada, ni motivarte. Es ampliarte el mapa hasta que aparezca esa tercera opción que hoy no está.
“La fuerza de voluntad es un recurso pésimo para construir una vida. Sirve para arrancar. Nunca alcanzó para sostener.”
Empecemos por definir
Hoy cualquiera se pone esa palabra al lado del nombre, casi siempre sin formación detrás. Así que prefiero empezar por lo que un coach no es.
No estoy para gritarte que vos podés. La motivación es un estado: sube, baja y se va. Construir sobre eso es construir sobre arena.
No trabajo cuadros clínicos ni bucear en tu infancia. El coaching mira el presente y el objetivo. Si aparece algo que necesita otro abordaje, te lo digo y te derivo.
No tengo la solución de tu vida guardada en un cajón. Las respuestas que sirven salen de vos; mi trabajo es hacer las preguntas que te llevan hasta ellas.
“La verdadera habilidad de un coach es extraer las soluciones de un experto real: el cliente.” John Grinder, cocreador de la PNL
En mi formación se trabaja una idea incómoda: el peor daño que se le puede hacer a una persona es evitarle el esfuerzo. Darle todo resuelto, sacarle los problemas de encima, ahorrarle la dificultad. Quien recibe todo hecho deja de descubrir los recursos que tenía y termina dependiendo de quien se los da.
Esa es exactamente la línea que separa a un coach de alguien que te consuela. Y es la razón por la que a veces me vas a escuchar devolverte una pregunta en lugar de darte la respuesta que me estás pidiendo.
“Coach” no es un título protegido. Nadie te pide nada para usar la palabra, así que aparece en todas las biografías al lado de “mentor” y de “líder inspiracional”, casi siempre sin nada detrás. Se gastó tanto que ya casi no significa nada, y eso perjudica a quien sí se formó.
Yo hice los dos años completos en la Escuela Argentina de PNL & Coaching, con los dos títulos: Coaching con PNL y Master Practitioner en PNL, este último con diploma avalado por Ed y Maryanne Reese, socios fundadores de la Society of NLP. No fue un curso de fin de semana ni una certificación comprada por internet.
Lo digo porque es exactamente lo que me diferencia de otro entrenador. No te traigo frases motivacionales: traigo un conjunto de herramientas concretas, que son las que vas a ver en el resto de esta página.
La herramienta
“Enseño qué hay que pensar, y en qué orden, para ir de un punto A a un punto B de la manera más eficiente posible.” Así defino lo que hago
La PNL es un modelo para entender la estructura de la experiencia subjetiva. Y ahí está toda la diferencia: estructura, no contenido. No pregunta qué te pasó. Pregunta cómo lo estás representando.
Todo comportamiento es resultado de actividad neurológica. Pensar, recordar, imaginar: son procesos que se ejecutan. Si una conducta no te está funcionando, el patrón que la produce no está bien organizado.
Esos procesos se ordenan y se secuencian con lenguaje. "No puedo levantarme temprano" y "todavía no encontré la forma de levantarme temprano" describen lo mismo, pero una cierra y la otra deja la puerta abierta.
Un programa no es “me pasa esto y hago aquello”: es una cadena de pasos. Te levantás con la rodilla dura, te ves haciendo el ejercicio que la vez pasada te costó, sentís la molestia por adelantado, te decís “hoy no”, y te quedás. Cinco pasos, no uno. Y cada uno se puede tocar.
Hay una distinción que uso todo el tiempo y que explica mejor que nada para qué sirve esto. Hay variables del entorno —lo que no depende de vos— y variables de decisión —lo que sí—.
Todo el objetivo de este trabajo es correr cosas de una columna a la otra. Y el caso más típico de todos es este.
“No tengo tiempo” suena a que el tiempo es el clima: algo que pasa afuera y vos aguantás. Pero nadie tiene más de veinticuatro horas, ni menos. Lo que hay no es falta de tiempo: es un orden de prioridades que todavía no dijiste en voz alta. Y un orden que no se nombra no se puede negociar. Uno que se nombra, sí.
Vas a leer por ahí que la PNL es una ciencia, o una rama de las neurociencias. No lo es, y quien te la venda así te está exagerando. No tiene el respaldo científico de las terapias clínicas validadas, y no es un tratamiento médico ni psicológico.
Lo curioso es que eso mismo lo enseña el propio material con el que me formé: la PNL no se presenta como una verdad, sino como una herramienta cuyo valor es la utilidad, no la precisión. Es un mapa más, elegido porque sirve para moverse.
La uso con convicción porque a mí me ordenó la vida en un momento en que estaba bastante perdido. Pero prefiero que la elijas sabiendo qué es. Y si lo que necesitás es tratamiento psicológico, te va a servir mucho más un psicólogo: te lo voy a decir.
La idea que sostiene todo lo demás
“Un mapa no es el territorio que representa.” Alfred Korzybski
Operás sobre una representación de ella: un mapa que armaste con lo que pudiste captar, lo que te enseñaron y lo que te pasó. Puede ser muy distinto del territorio real, y aun así lo tratás como si fuera el mundo.
Dos personas de la misma edad hacen el mismo ejercicio y les cuesta exactamente lo mismo. Una piensa “esto ya no es para mí” y no vuelve. La otra piensa “todavía no” y a los seis meses lo hace. El cuerpo era parecido. El mapa no.
Pasa también con lo que sentís mientras entrenás. Si todo lo que aparece en tu cuerpo entra en la misma casilla —“me duele”— tenés una sola respuesta posible. Cuando aprendés a distinguir el ardor del músculo trabajando, la rigidez del que hace años que no se mueve y el pinchazo que sí es una alarma, tenés tres respuestas en vez de una. Y solo una de las tres es frenar.
Tres filtros arman ese mapa
Tus sentidos captan una banda muy chica de lo que hay. Un perro oye cuatro veces más que vos. Tu mundo no es el mundo.
El idioma, las creencias con las que creciste, lo que en tu casa era obvio y en otra no. El lenguaje no solo describe: decide qué podés pensar.
Tu historia. A los cinco años ya tenías una idea de cuánto valés y qué podés esperar de los demás. De acá salen las diferencias más grandes entre dos personas.
Las tres cosas con las que armás ese mapa —generalizar, seleccionar y distorsionar— no son defectos. Son lo que te permite aprender: abriste una puerta girando el picaporte y ya sabés abrirlas todas. Los mismos mecanismos que te permiten funcionar son los que sostienen un modelo empobrecido del mundo. No hay que romperlos. Hay que ver dónde te están cerrando el paso.
Reconocé la tuya
Robert Dilts las ordenó así, y es de lo más útil que aprendí. Las creencias que te frenan se manifiestan en tres estados internos, y cada uno responde que no a una pregunta distinta. Saber cuál es la tuya cambia por completo dónde hay que trabajar.
“Haga lo que haga, no va a cambiar nada.”
Es desesperanza. No es que no te sientas capaz: creés que la cosa en sí no tiene salida, que depende de afuera y vos sos espectador. Se trabaja primero, porque mientras esté no hay objetivo que se sostenga.
“Para otros funciona. Yo no puedo.”
Es descalificación. Aceptás que se puede hacer, y hasta conocés gente que lo hizo. Lo que no ves es que vos tengas con qué. Acá el trabajo es sobre capacidades y recursos, no sobre el objetivo.
“Podría, pero no me corresponde.”
Es desvalorización, y es la más difícil porque toca la identidad. Sabés que es posible y te sabés capaz, pero en el fondo no creés tener derecho. Es la que más se disfraza de otras cosas.
Porque el error más común es atacar la equivocada. Si tu freno es "no me lo merezco" y te lleno de información sobre rutinas y planes, estoy respondiendo la pregunta que no me hiciste. Te vas con más datos y con el mismo bloqueo intacto.
Esa distinción es buena parte de lo que hacemos en las primeras sesiones: encontrar cuál de las tres es la que te está frenando.
Te lo digo por experiencia: la mía fue la segunda. Pasé años preparándome para dar clases sin sentirme nunca listo, mientras todo mi entorno me preguntaba por qué no enseñaba. No me faltaba preparación. Me faltaba creerme capaz.
El proceso
No hay una sesión de coaching aparte con día y horario propio. Hay estos cinco pasos —los mismos que me enseñaron en la escuela— y ocurren al principio de cada clase, antes de que te muevas. Después entrenamos. Y lo que aparece entrenando es la materia prima del principio de la clase siguiente.
No es un paso: es un estado que se sostiene toda la sesión, y empieza antes de la primera palabra. Ritmo, postura, respiración, las palabras que usás. Si esto no está, lo demás no entra.
Y ojo, que esto no se decide clase por clase. En los primeros encuentros identifico cuál es el freno real: el que se repite, el que aparece disfrazado de cosas distintas y siempre te deja en el mismo lugar. A partir de ahí trabajamos sobre ese, las semanas o los meses que haga falta. Lo que cambia de una clase a la otra es por dónde lo agarramos, no el tema.
Convertimos eso en un objetivo que se pueda trabajar: formulado en positivo, que puedas describir con lo que vas a ver, oír y sentir, que dependa de vos, ubicado en un contexto, y que no te rompa otra cosa de tu vida al conseguirlo.
Recién acá elijo la técnica, y la elijo por lo que apareció en los pasos anteriores. Hay un repertorio bastante amplio y cada una sirve para algo distinto. Antes de aplicar cualquiera te la explico y te pregunto si querés hacerla. Y sí, es un ejercicio: solo que no es físico.
Chequeamos cómo estás ahora comparado con cómo llegaste, y qué se movió respecto de esa traba de fondo. No busco que cada clase resuelva algo: busco saber si nos acercamos. Si corresponde, queda algo para practicar hasta la próxima.
En la charla inicial dejamos claro lo operativo: cuánto dura cada clase, cada cuánto nos vemos, honorarios y forma de pago, y qué pasa si hay que cancelar. Todo lo que hablemos es confidencial.
Y una aclaración sobre cómo funciona en la práctica, porque suele malentenderse: esto no es conversación suelta tirada entre repetición y repetición. Pasa al principio de la clase, con la cabeza despejada y sin que estés agitado. Después entrenamos, y mientras entrenás yo miro. Tiene una estructura y un objetivo detrás; sin ese encuadre se desdibuja en dos semanas y termina siendo charla.
Mi formación
Hubo una época de mi vida en la que me sentía muy perdido. Empecé a estudiar PNL buscando algo para mí, no para dar clases. Y lo que encontré fue una forma de entender cómo funciona la estructura del pensamiento: por qué una persona hace lo que hace, en qué orden, y cómo esos comportamientos se pueden modelar.
Hice los dos años completos en la Escuela Argentina de PNL & Coaching —hoy Escuela Internacional de Coaching y PNL—, dirigida por Lidia Muradep. El primer año me dio el título de Coaching con PNL; el segundo, el de Master Practitioner en PNL, con diploma avalado por Ed y Maryanne Reese, socios fundadores de la Society of NLP.
Vengo de la calistenia, que entreno desde 2013, y mi formación en entrenamiento personalizado está aprobada por la DGEGP de la Ciudad de Buenos Aires. Por eso mis ejemplos son casi siempre del parque, aunque el mecanismo sea el mismo para cualquier cosa que vengas postergando.
años de formación completos
títulos: Coaching con PNL y Master Practitioner
años entrenando calistenia
formación en entrenamiento aprobada por la Ciudad
El diferencial
Esto no se vende por separado, y no es por generosidad: es que separado funciona peor. Un coach en un consultorio trabaja con lo que vos le contás una semana después: tu versión, ya filtrada por la memoria y por cómo elegiste contarla. Yo no dependo de tu relato. Cuando el patrón aparece, estoy ahí.
Lo que te decís cuando una serie te sale mal es lo que te decís cuando algo te sale mal en general. La excusa que aparece el martes para no venir es la misma que usás en otros lugares de tu vida. La diferencia es que acá pasa delante mío, en el momento, y lo trabajamos con el ejemplo fresco en lugar de con el recuerdo.
El entrenamiento se vuelve un laboratorio semanal donde se ve exactamente cómo funcionás bajo esfuerzo, bajo frustración y bajo progreso lento. No hay conversación que se le acerque.
Preguntas frecuentes
No. No hay una tarifa de coaching separada: está el valor de la clase, y esto viene adentro. No es un extra opcional que se contrata: es cómo doy la clase.
Tampoco es un proceso con principio y fin propios. Mientras entrenemos juntos, esto está funcionando.
Igual aparece en el parque. La PNL trabaja sobre la forma, no sobre el contenido, y por eso lo que se destraba en un lugar se traslada a otro: el patrón que te frena para entrenar suele ser el mismo que te frena para hacer un cambio o para tener una conversación que venís postergando hace meses.
Yo llegué al coaching desde el entrenamiento, y ese es el terreno donde trabajo. Pero lo que se mueve ahí no se queda ahí.
No, y no compiten. El psicólogo trabaja con formación clínica sobre el sufrimiento psíquico, la historia y los cuadros diagnosticables. El coaching trabaja sobre un objetivo concreto en el presente y sobre la distancia que te separa de él.
Mucha gente hace las dos cosas a la vez y le funciona muy bien. Pedir ayuda a otro profesional cuando la situación lo requiere es parte explícita de las competencias con las que me formé: si aparece algo que corresponde al ámbito clínico, mi trabajo es reconocerlo y derivarte, no improvisar.
Probablemente sí, y el escepticismo me parece razonable: alrededor de la PNL se dijeron muchas cosas exageradas y hay quien la vende como si curara todo.
No la uso así. La uso como un conjunto de herramientas concretas para trabajar lenguaje interno, creencias y hábitos, y su valor es que sea útil, no que sea verdadera. Si a las tres sesiones no notás nada, te lo vas a dar cuenta antes que yo, y te voy a decir que no sigas.
No, salvo que vos quieras traerlo. El coaching mira el presente y el objetivo. A veces aparece algo del pasado porque ahí se instaló un patrón, y en ese caso se trabaja con la estructura de ese recuerdo, no con el relato ni con la interpretación de por qué pasó.
La pregunta que uso no es "¿por qué?". Es "¿cómo?" y "¿para qué?".
Es exactamente al revés. Una de las ideas de base de esto es que la persona no es su conducta: hay una estructura funcionando, que no elegiste, que en su momento te sirvió para algo, y que hoy te está costando caro.
Que sea tuya no significa que sea tu culpa. Significa que está a tu alcance.
El primer paso
Escribime y charlamos. Contame qué venís queriendo hacer y qué pasa cada vez que estás por hacerlo. Con eso ya tenemos por dónde empezar.