Levantarte sin las manos
Salir de una silla usando solo las piernas. Es uno de los mejores predictores de autonomía que se conocen, y se entrena.
01 · Clases para adultos mayores
Calistenia adaptada, al aire libre, en los Bosques de Palermo, para personas de 60 años en adelante. El objetivo acá no es la estética ni el rendimiento: es que sigas haciendo tu vida sin depender de nadie.
Lo que pasa mientras no hacemos nada
A partir de los 30 empezamos a perder masa muscular. Se estima que entre un 3 % y un 8 % por década, y el ritmo se acelera después de los 60. Es un proceso que tiene nombre —sarcopenia— y una característica traicionera: no se ve en la balanza, porque la grasa suele ocupar el lugar que deja el músculo.
Entonces no te enterás por el peso. Te enterás otro día. El día que no podés abrir un frasco. El día que necesitás las dos manos y un envión para salir del sillón. El día que decidís no ir a lo de tu nieta porque hay escaleras y te da fiaca —aunque en realidad no es fiaca—.
El entrenamiento de fuerza es una de las intervenciones más estudiadas que existen en adultos mayores, y la evidencia es consistente en algo: el músculo responde a cualquier edad. Cambia el punto de partida y cambian los tiempos. No cambia el hecho de que responde.
Lo que se perdió por falta de uso, en buena medida, se recupera con uso.
Qué vamos a buscar
Si al mes no notás alguno de estos cuatro, algo estamos haciendo mal y lo revisamos.
Salir de una silla usando solo las piernas. Es uno de los mejores predictores de autonomía que se conocen, y se entrena.
Casi nunca es falta de aire: es falta de fuerza en las piernas obligando al corazón a compensar.
Trabajamos fuerza de agarre específicamente. Es de lo primero que se pierde y de lo que más rápido vuelve.
Que un tropezón sea un tropezón y no una caída. Es la diferencia entre un susto y una fractura de cadera.
La pregunta de siempre
Y está perfecto. No vas a hacer una dominada el primer día. Probablemente tampoco el primer año. Y no hace falta.
Calistenia significa entrenar con el peso del propio cuerpo. Y ahí está la ventaja que ningún gimnasio tiene: el peso se gradúa cambiando el ángulo. No necesito una mancuerna de 2 kg ni una de 20. Te muevo tres pasos y ya cambió la dificultad.
Entreno calistenia desde 2013, cuando en Argentina recién empezaba. Conozco los ejercicios difíciles desde adentro, y justamente por eso sé cómo se llega a ellos de a poco. Cada movimiento exigente es la punta de una escalera larga, y el que conoce la escalera entera sabe dónde poner tu primer escalón: tan bajo como haga falta.
No tenés que tenerle miedo. Nadie te va a pedir que te cuelgues, que saltes ni que hagas nada que hoy no puedas hacer. Arrancamos exactamente donde estás. Si querés ver de dónde vengo, acá está mi historia.
Para que no te agarre de sorpresa
Ni un minuto con alguien gritándote que le des más.
Te pregunto cómo dormiste, si te duele algo, qué comiste y cuándo, si venís cansado. La clase de hoy se arma con esa respuesta, no con lo que yo tenía planeado.
Articulación por articulación, de arriba hacia abajo. Es la parte que más se subestima y la que evita el 90 % de las molestias.
Apoyo en un pie, cambios de dirección, caminar con carga, colgarse de la barra los segundos que aguantes. Va antes de la fuerza a propósito: son cosas que necesitan el sistema nervioso fresco, no cansado. Poco glamoroso y enormemente útil.
El bloque central. Empuje, tracción y piernas, en la progresión que te corresponda hoy. Nunca al fallo: siempre terminás la serie sintiendo que te quedaban dos repeticiones más.
Respiración y elongación suave. Te vas caminando tranquilo, no arrastrándote. Si te vas destruido, me equivoqué yo.
Además de entrenador soy Master Practitioner en PNL. Mientras entrenamos escucho cómo te hablás: qué te decís cuando un ejercicio no te sale, en qué momento aparece el “yo ya no puedo a mi edad”, cuándo te querés bajar. Eso también se trabaja, en la misma hora y sin costo aparte.
No es un agregado de marketing. Hoy cualquiera se pone la palabra “coach” al lado del nombre; yo hice los dos años completos de formación y tengo los títulos. Ver de qué se trata
Nos encontramos en el parque, me contás tu historia, te cuento cómo trabajo y miro cómo te movés. Ese día no entrenás. Si después querés empezar, empezamos; si no, no pasó nada y no gastaste un peso.
Hablemos de seguridad
Si tenés una condición diagnosticada —cardíaca, ósea, articular, metabólica— te pido el apto de tu médico antes de empezar, y entreno dentro de lo que ese apto indique.
Cirugías, prótesis, caídas previas, medicación, mareos. Todo eso cambia decisiones concretas del entrenamiento. Cuanto más me contás, más seguro es.
Usamos una escala de esfuerzo simple: si no podés hablar mientras lo hacés, bajamos. El progreso viene de la constancia, no de la intensidad heroica.
Soy entrenador, no médico ni kinesiólogo. No trato lesiones ni patologías. Entreno a la persona alrededor de lo que tenga, en coordinación con quien la esté atendiendo. Si algo excede mi rol, te lo digo y te derivo. Prefiero perder un alumno antes que hacerte mal.
Para que no haya malentendidos
Nada de pelotitas de colores ni mover los brazos al ritmo de la música. Es entrenamiento de fuerza de verdad, dosificado para vos.
Elongamos, sí. Pero la flexibilidad sin fuerza no te sostiene cuando te tropezás en el cordón.
Nadie compara con nadie. El único punto de referencia sos vos hace tres meses.
Si estás en tratamiento por una lesión, primero el kinesiólogo. Cuando te dé el alta, hablamos.
Entreno calistenia desde 2013, pero nunca me promocioné. Esta página es la primera vez que salgo a ofrecerlo. Podría llenar esta parte con reseñas falsas —se hace todo el tiempo y no se nota—, y prefiero no hacerlo.
Si venís, vas a ser de los primeros. A cambio tenés más de diez años de calistenia, dos formaciones completas y toda mi atención, porque no tengo una agenda llena entre la que repartirla. Y la primera charla no te cuesta nada.
Preguntas frecuentes
No. Hay estudios de entrenamiento de fuerza hechos en personas de más de 85 años, y en todos aparece respuesta. La edad cambia los tiempos y la progresión, no la posibilidad.
La pregunta útil no es cuántos años tenés, sino qué podés hacer hoy. Eso lo vemos juntos el primer día.
En general sí, y en muchos casos el entrenamiento de fuerza forma parte de lo que los propios médicos recomiendan. Pero eso lo define tu médico, no yo.
Traeme el apto físico y, si podés, contame qué te indicó. Yo armo el entrenamiento dentro de ese marco y te aviso si algo se me escapa.
Es de lo más común, y se va rápido. Las clases son individuales: no hay grupo, no hay nadie mirándote y no hay con quién compararte. Somos vos y yo.
Además elegimos horarios de poca gente y una zona tranquila del parque. Al mes te vas a sorprender de lo poco que te importa quién pasa caminando.
Las primeras semanas la mejora es sobre todo de coordinación: el mismo músculo empieza a funcionar mejor. Eso se nota bastante rápido, en general dentro del primer mes, y aparece como “me cuesta menos”.
El cambio de masa muscular es más lento y necesita meses de constancia. Cualquiera que te prometa otra cosa te está vendiendo humo.
Ropa cómoda, zapatillas con buen agarre, agua y, según la época, gorro o campera. Nada más. El parque tiene todo lo que necesitamos.
Sí, y las primeras veces suele ayudar. Que tu hijo o tu pareja vea cómo trabajamos les baja la ansiedad a los dos, sobre todo si son ellos los que te insistieron para que vinieras.
Las clases igual son individuales: entrenás vos, ellos miran.
No. Se pierde bastante menos de lo que la gente teme, y se recupera más rápido de lo que costó la primera vez. Volvés, retomamos un escalón más abajo y en dos semanas estás donde estabas.
El primer paso
Escribime y charlamos sin compromiso: qué venís haciendo, qué te preocupa y si esto es realmente para vos. Si creo que necesitás otra cosa, te lo voy a decir.